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Llamar 600 111 222

Calle de Sueca · Valencia

Terapia para adolescentes online, hablando antes contigo

Sesiones por videollamada para tu hijo adolescente. La primera es para conocernos: si no encajamos, te digo con quién le irá mejor.

Escríbeme por WhatsAppEscríbeme por WhatsApp 600 111 222

La puerta de una habitación entreabierta con unos auriculares colgados del tirador, dibujada a plumilla

Cómo funciona la terapia para adolescentes online

  • La primera sesión sirve para ver si hay encaje, no para empezar un tratamiento a ciegas
  • Tareas para casa entre sesiones, pensadas para lo que un adolescente va a hacer de verdad
  • Citas de lunes a jueves hasta las 20:00, después de clase o de los entrenamientos
  • Primer contacto por WhatsApp al 600 111 222, sin tener que llamar para explicarlo todo en voz alta

Tu hijo se conecta desde su cuarto, sin sala de espera ni riesgo de cruzarse con alguien conocido

Trabajo sola: el teléfono y el WhatsApp son el mismo número, 600 111 222, y quien contesta soy yo. El método que uso está declarado desde el principio, terapia cognitivo-conductual con tareas para casa, para que sepas qué va a pasar en las sesiones de tu hijo. Y si en esa primera sesión veo que no soy la persona adecuada para él, te lo digo y te indico con quién le irá mejor.

Del primer WhatsApp a la primera videollamada

Lo que pasa, por orden

  1. Escribes tú, no él

    El primer contacto lo haces tú, como madre o padre, por WhatsApp al 600 111 222 o por teléfono. Me cuentas qué ves en casa y desde cuándo. No hace falta que llegues con un diagnóstico ni con las palabras exactas.

  2. Hablamos antes de que él se conecte

    Antes de la primera sesión hablo contigo para entender el contexto familiar y para preparar cómo se le plantea a él. La forma en que se le cuenta que va a hablar con una psicóloga condiciona mucho lo que pasa después.

  3. Primera sesión: conocernos

    Esa videollamada es para que tu hijo y yo nos conozcamos y para que vea qué tipo de conversación es esta. No empieza ningún tratamiento ese día. Si al terminar veo que no encajamos, te lo digo y te doy una alternativa concreta.

  4. Sesiones y trabajo entre medias

    Se fija un ritmo de sesiones y cada una termina con una tarea para casa breve. Lo que ocurre entre una videollamada y la siguiente es donde se mueve el proceso; sin eso, las sesiones se convierten en una charla semanal.

  5. Revisiones contigo

    Cada cierto tiempo hablamos tú y yo para revisar cómo va y qué puedes hacer o dejar de hacer desde casa. Te cuento la dirección del trabajo, no el contenido literal de lo que tu hijo dice en sesión.

Calle de Sueca · Valencia

Situaciones en las que la videollamada resuelve algo que la consulta no

  • El que se niega en redondo a ir

    Hay chicos que aceptan una videollamada de prueba y no aceptan subir a un coche para ir a una consulta. La pantalla rebaja el compromiso aparente y permite una primera toma de contacto que de otro modo no existiría.

  • Agendas de instituto imposibles

    Entre clases, extraescolares y exámenes, encajar un desplazamiento semanal cuesta. Conectarse a las 19:00 desde casa, de lunes a jueves, elimina los tiempos muertos de ida y vuelta y hace que el proceso no se abandone a las cuatro sesiones.

  • Familias fuera de Valencia o con hijo estudiando fuera

    Si vivís en otra ciudad o tu hijo está estudiando fuera del domicilio familiar, la videollamada mantiene la continuidad sin depender de dónde esté cada uno esa semana.

  • El adolescente que teme que lo vean

    A esa edad el miedo a que alguien del instituto se entere pesa más que el propio malestar. Sin sala de espera ni portal que cruzar, ese argumento para no empezar desaparece.

Preguntas frecuentes sobre terapia para adolescentes online

Mi hijo dice que no lo necesita. ¿Merece la pena intentarlo?

Sí, siempre que se le plantee como una conversación de una vez y no como una obligación indefinida. La primera sesión está pensada precisamente para eso: conocernos y que él decida con información. Antes hablo contigo para preparar cómo se lo cuentas, porque la forma de proponerlo cambia mucho la respuesta.

¿Me vas a contar lo que dice mi hijo en las sesiones?

No el contenido literal. Te explico por dónde va el trabajo, qué está mejorando y qué puedes hacer tú en casa, pero lo que él habla en sesión se queda en sesión. La excepción es cualquier cosa que comprometa su seguridad, y ese límite se lo explico a él desde el primer día para que no haya sorpresas.

¿Tengo que estar yo delante en la videollamada?

En la parte inicial hablamos tú y yo, con o sin él según el caso. Las sesiones de trabajo las hace él solo, con la puerta cerrada y con auriculares. Que sepa que no hay nadie escuchando desde el pasillo es una condición para que se abra.

¿Qué necesita en casa para conectarse?

Una habitación con puerta donde nadie vaya a entrar durante la sesión, auriculares y una conexión estable. Mejor ordenador o tablet apoyado que el móvil en la mano. Si en tu casa no hay un espacio así, lo hablamos antes de empezar y buscamos otra solución.

¿Y si veis que por videollamada no basta?

Te lo digo. Podemos pasar a vernos en la consulta de la Calle de Sueca o que me desplace, según el caso. Y si lo que tu hijo necesita queda fuera de mi forma de trabajar, te indico con quién le irá mejor en lugar de alargar un proceso que no avanza.

Con un adolescente, la mitad del trabajo está en conseguir que se siente. Muchos chicos aceptan mal el trayecto a una consulta: el coche con sus padres, la espera, la sensación de que lo llevan a que lo arreglen. La pantalla quita buena parte de esa escena.

Se conecta desde su habitación, a una hora que él conoce, y la conversación empieza antes de que haya tenido tiempo de ponerse a la defensiva. No siempre es mejor, pero en los primeros encuentros suele bajar la resistencia lo suficiente como para que haya algo con lo que trabajar.

El formato pide unas condiciones mínimas y conviene hablarlas contigo antes de la primera cita. Necesita una habitación con puerta y el acuerdo, firme, de que nadie entra mientras dura la sesión. Auriculares siempre, porque saber que alguien puede oír desde el pasillo cambia por completo lo que un chaval de quince años está dispuesto a contar.

Mejor ordenador o tablet apoyados que el móvil en la mano, que acaba en el regazo o boca abajo sobre la cama. Si en casa no hay un sitio así, se busca alternativa antes de empezar; forzarlo solo produce sesiones a medias.

En las sesiones uso terapia cognitivo-conductual, que trabaja sobre lo que piensa, lo que hace y lo que evita, con registros sencillos y pequeños encargos entre semana. A esa edad las tareas para casa hay que ajustarlas mucho: nada de cuadernos largos, sí cosas breves que pueda anotar en el móvil el mismo día.

Contigo mantengo un canal aparte. Te doy pautas y te cuento por dónde va el proceso, pero lo que tu hijo habla en sesión queda en sesión, salvo que aparezca algo que comprometa su seguridad. Ese pacto se explica delante de los dos al principio, porque si él no lo tiene claro, no se abre.

La videollamada no encaja en todos los casos. Cuando hay conductas de riesgo, cuando el chico no sostiene la atención en pantalla o cuando lo que se ve en la primera sesión pide otro tipo de abordaje, lo digo.

Entonces valoramos vernos en la consulta, en la Calle de Sueca, o que me desplace, y si lo que necesita queda fuera de mi forma de trabajar, te doy el nombre de quien puede ayudarle mejor. Perder una sesión en aclarar eso cuesta menos que perder tres meses con un encaje que no era.

Terapia para adolescentes online: sesiones por videollamada

Si has llegado hasta aquí buscando ayuda para tu hijo o tu hija, probablemente lleves semanas dándole vueltas sin saber por dónde empezar. Y puede que ni siquiera tengas claro si lo que le pasa da para pedir cita o si es cosa de la edad, que es justo la duda con la que llega la mayoría de los padres que me escriben.

Cuando tu hijo se niega a entrar en una consulta

Hay adolescentes que aceptan pedir ayuda y hay otros que cierran la puerta del cuarto y ahí se acaba la conversación. Si la frase que te ha traído hasta aquí es «yo no voy a ir a ningún psicólogo», sabes que el problema no es encontrar a alguien, es conseguir que se siente.

Notas que algo no va bien y, al mismo tiempo, intuyes que obligarle a entrar en un despacho y esperar su turno delante de una desconocida puede salir al revés. A distancia esa resistencia baja bastante: desde su habitación, con sus cosas alrededor, mantiene una sensación de control que en una consulta no tiene, y las primeras sesiones arrancan con menos muro.

La primera sesión es para conocernos

Antes de trabajar nada, hablo con tu hijo para ver si nos entendemos. Esa primera cita funciona en las dos direcciones: él decide si le apetece seguir hablando conmigo y yo valoro si soy la profesional adecuada para lo que le está pasando. Si no encajamos, te digo con quién le irá mejor, aunque eso signifique que no vuelva a verle.

Cuando un adolescente accede a regañadientes, el miedo suele ser el mismo: que salga diciendo «no pienso volver» y se haya quemado el único intento que te dejaba hacer. Por eso la primera sesión no viene con la presión de empezar un tratamiento; viene con la de vernos las caras.

Qué papel tienes tú en el proceso

Hablar contigo antes y después, sin romper la confianza del chaval

Quien me escribe no suele ser el adolescente, eres tú. Así que el primer contacto lo tengo contigo: me cuentas qué has visto en casa y desde cuándo, y qué habéis intentado ya por vuestra cuenta. A partir de ahí, el espacio de la sesión es suyo. Tu hijo necesita saber que lo que cuenta no se transcribe entero para casa, porque si no lo sabe, no cuenta nada.

Eso no te deja fuera: te devuelvo lo que necesitas saber para acompañarle y te doy pautas concretas para las situaciones que se repiten, que muchas veces son las mismas cuatro discusiones en bucle a la hora de cenar o cuando se habla del móvil.

Tareas para casa entre una sesión y la siguiente

Trabajo con terapia cognitivo-conductual y te doy tareas para casa, también a él. Lo que pasa entre sesión y sesión pesa tanto como la hora que hablamos: registrar en qué momentos aparece la angustia, probar una conversación distinta contigo y acercarse poco a poco a aquello que lleva meses evitando.

Si vienes de una experiencia anterior en la que tu hijo hablaba una hora a la semana y en casa nada cambiaba, esta parte es la diferencia que notarás antes. Es terapia con encargos concretos; no se queda en un desahogo semanal. Del formato a distancia te cuento más en la página de terapia online.

Pedir cita para tu hijo adolescente

Horarios compatibles con el instituto y primer contacto por WhatsApp

Encajar una sesión entre el instituto, las extraescolares y las semanas de exámenes suele ser la primera pega práctica.

Si vienes esperando una derivación en la sanidad pública, sabes que en salud mental los tiempos se cuentan en meses; aquí el primer contacto lo tienes directamente conmigo. Si te cuesta llamar, escríbeme por WhatsApp al 600 111 222: es mi número directo, contesto yo y no hay recepción de por medio. También puedes contarme el caso por correo en hola@irenemontalban.example.

Escríbeme por WhatsApp Escríbeme por WhatsApp 600 111 222

lunes a jueves, de 10:00 a 20:00viernes, de 10:00 a 14:00

Si no encajamos, te digo con quién te irá mejor.

Irene Montalbán, psicóloga

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